Crónicas/Encuentro con Senegal

Día 3: Surprise senegalaise

Aquí andamos chavales, después de aprender que la cebolla ultrapicante de la comida de hoy era para aliñar la ensalada y no comérsela a palo seco, nuestras gargantas ya están listas para contaros lo que hemos hecho hoy.

Esta mañana nos despertamos bien temprano con el sol ya en el cielo, hemos desayunado con fuerzas y hemos salido rumbo a las afueras de Senegal, hacia un barrio algo más pobre de lo que habíamos visto hasta ahora, dónde hemos conocido un centro educativo para niños de la calle, “Daara Malika”. Este centro surgió de una iniciativa de madres que veían la necesidad de crear un centro educativo para los niños de la calle y que pudieron darle la oportunidad de tener un futuro digno. Hemos conocido las instalaciones y los fundamentos educativos del centro.

Después del centro, nos pusimos las mascarillas y nos dirigimos al vertedero. Allí teníamos el plan de que alguien de la escuela de los recolectores nos lo enseñase, pero fuimos a parar con el más farruko. Quiso sacarnos 5000cfas a cada uno, pero nos negamos y la hicimos nosotros mismo. Esto es lo que nos explicó Ousso (nuestro guía del barrio): los recolectores son las personas que trabajan separando de la basura elementos que pueden reciclarse y reutilizarse, como plásticos y metal. Vivían en la planta de reciclaje (una parte considerable), que era del tamaño de tres barriadas.

Tras el fiasco del vertedero, comimos ricos bocatas de picante con patatas fritas (realmente no eran tan picantes pero a esta gente le gusta quejarse) y nos volvimos a montar en la furgoneta.

Llegamos a un centro cívico y tachán, no había nadie. Afortunadamente Ousso nos explicó como funcionaba: es una especie de centro sanitario y de ayuda para todos los niños, sin mirar su género o discapacidad.

Al acabar la visita relámpago, de nuevo furgoneteo que te veo hacia la asociación Rasef que nos recibió de muy buena manera. Ahí pudimos presenciar por primera vez lo que era una conversación en Wolof puro. Después de conocer como funcionaban esta asociación de mujeres, fuimos a un colegio cercano que surgió de Rasef y con el apoyo de Fatou Sarr, da clases a gran cantidad de niños del barrio. Y les dimos caramelos, literalmente. Más tarde volvimos con las mujeres y les compramos un par de “collares” que brillan en la oscuridad y hacen shishishsi.

Al retorno a la maison, hicimos el intento de comprar champú, pero en Dakar siempre hay obras, incluido en los supermercados. Así que con la cara pintadita por ir de sobradete nos fuimos a la casa.

La sorpresa llegó cuando nos encontramos en la explanada de enfrente de nuestra maison una docena de rutas senegaleses, que nos daban mil vueltas en ritmo y salero. Estuvimos bailando y cantando en un francés chapurreado durante más de una hora e intercambiamos danzas y canciones de nuestros países. Tenían canciones muy chulas con bailes impresionantes que seguro que reproduciremos en nuestros grupos (el baile, la letra ya para otro día).

Bueno creo que ya os hemos aburrido lo bastante, y encima no sabéis quien está esctribiendo este tochaco. Pablo y Guille se despiden de ustedes, jugadores, y les deseamos una bonnejour/bonnesoir que nosotros ya nos vamos a probar el viscolástico de los colchones Lomónaco que tenemos aquí.

Un besito pero sin Hepatitas A porque estamos vacunados (Pablo no lo está pero no se lo contéis a sus padres).

Willy y Pablo.

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